El ojeo de perdiz

Unas de las modalidades de caza española estrella junto a la montería, en ella se le da caza a la reina de la caza menor, la más brava, la más escurridiza, la perdiz roja. A lo largo de nuestra península encontramos grandes fincas de renombre en las cuales se lleva una gestión exquisita en la conservación de sus poblaciones silvestres de perdiz, cosa que no es nada fácil hoy día dado a los problemas que la patirroja atraviesa.

No suele ser una actividad de caza económica, ya que la gestión a realizar durante todo el año para organizar una o dos cacerías es muy costosa, grandes fincas con siembras, refugio, agua... 

La tensión del ojeo

En un lugar propio de la finca, en la que la propia orografía del terrero ayude al vuelo de las perdices, se sitúan los puestos de caza o pantallas para evitar que las perdices se asusten y quiebren el vuelo. En el puesto se sitúa el tirador, el cargador que es el encargado de cargar las armas, alojando los cartuchos en bolsas de ojeo o bien en maletines para cartuchos, y el secretario que va anotando las piezas abatidas.

 

El ojeo comienza cuando los ojeadores, grupo de personas que se encargan de ir jaleando con sus gritos a las perdices, empieza a caminar hacia la línea de puestos. Estas ante el avance de los ojeadores vuelan de forma natural hacia los puestos, donde los cazadores las esperan para disfrutar del bonito y a la vez difícil tiro de la perdiz. Al finalizar la cacería se recogen las piezas con ayuda de perros cobradores y se realiza el recuento de piezas, finalizando la jornada con una comida de convivencia para expresar los momentos y lances vividos.

 

Esta modalidad venatoria es tan importante que encontramos artículos de caza exclusivos para ella. Los juegos de dos escopetas que algunos fabricantes fabrican para el ojeo, los puestos para ojeo, bolsas para ojeo. Un placer poder disfrutar de esta modalidad tan divertida y a la vez tradicional.

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